Entender la ansiedad: ¿Por qué siento que pierdo el control?
La ansiedad no es tu enemiga, es una señal de alerta. Descubre qué intenta decirte tu cuerpo y cómo empezar a gestionarla desde la calma.
Sentir que el corazón se acelera sin motivo aparente, tener un nudo constante en el estómago o pensar que algo malo va a ocurrir de forma inminente. Si has experimentado esto, sabes lo agotadora que puede llegar a ser la ansiedad.
A menudo, mis pacientes llegan a consulta diciendo: “Quiero eliminar esta ansiedad, no quiero sentirla nunca más”. Es una reacción natural; nadie quiere sentir malestar. Sin embargo, el primer paso para sanar no es luchar contra ella, sino entenderla.
¿Qué es realmente la ansiedad?
La ansiedad no es un fallo de tu cerebro. Evolutivamente, es un mecanismo de supervivencia diseñado para protegernos. Imagina a nuestros antepasados frente a un depredador: su cuerpo necesitaba activarse rápidamente para huir o luchar.
El problema surge cuando ese sistema de alarma se activa en situaciones donde no hay un peligro real para nuestra vida (un email del jefe, una discusión de pareja, la incertidumbre del futuro), o cuando se queda “encendido” de forma crónica.
Síntomas comunes que quizás no asocias con la ansiedad
Más allá de las palpitaciones, la ansiedad tiene muchas caras:
- Irritabilidad: Saltar a la mínima.
- Problemas de sueño: Dificultad para conciliarlo o despertares nocturnos.
- Procrastinación: Evitar tareas por miedo a no hacerlas perfectas.
- Fatiga mental: Sentirte agotado/a aunque no hayas hecho esfuerzo físico.
El ciclo de la evitación
Cuando algo nos genera ansiedad, el instinto nos dice que lo evitemos. Si te da miedo hablar en público, evitas las reuniones. Si te angustia el conflicto, te callas lo que piensas.
A corto plazo, la evitación alivia. Sientes un respiro. Pero a largo plazo, la evitación alimenta al miedo. Le estás confirmando a tu cerebro que esa situación era realmente peligrosa, y la próxima vez, la ansiedad será mayor.
3 Herramientas para empezar a gestionarla hoy
No existen fórmulas mágicas, pero sí pequeñas acciones que ayudan a regular tu sistema nervioso:
1. Respiración diafragmática
Cuando estamos ansiosos, respiramos de forma superficial y rápida (desde el pecho). Intenta llevar el aire hacia tu abdomen. Inhala en 4 segundos, retén 2, y exhala muy lentamente en 6 segundos. Esto envía una señal física de seguridad a tu cerebro.
2. Nombra lo que sientes
En lugar de decir “estoy fatal”, intenta ser específico: “Siento opresión en el pecho y tengo miedo de no entregar este proyecto a tiempo”. Poner nombre a la emoción reduce la actividad de la amígdala (el centro del miedo en el cerebro).
3. Cuestiona tus pensamientos
La ansiedad es experta en catastrofismo. Cuando aparezca un pensamiento del tipo “seguro que sale todo mal”, pregúntate:
- ¿Tengo pruebas reales de que esto va a pasar?
- ¿Ha pasado antes? Si pasó, ¿pude superarlo?
- ¿Qué le diría a una amiga que estuviera en esta situación?
No tienes que hacerlo solo/a
La ansiedad es una de las consultas más frecuentes en terapia y tiene muy buen pronóstico con el tratamiento adecuado. No se trata de borrarla, sino de aprender a regular su volumen para que no dirija tu vida.
Si sientes que la ansiedad está limitando tu día a día, pedir ayuda profesional es un acto de valentía y autocuidado. En terapia trabajamos para entender la raíz de esos miedos y construir herramientas personalizadas para ti.
¿Te has sentido identificado/a?
A veces, leer sobre lo que nos pasa es el primer paso para sanar. Si sientes que necesitas apoyo profesional para gestionar estas emociones, estoy aquí para acompañarte.
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